Argentina – Puerto Pirámides

Una de las visitas de casi “obligado cumplimiento” cuando se visita la Patagonia es acercarse a visitar la Península Valdés.

La Península Valdés, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco, contiene seis reservas naturales y su principal atracción es el avistaje de la ballena franca del Sur.

En mi viaje a Argentina, decidí hacer el viaje a Península Valdés en coche desde Buenos Aires. El motivo principal fue que quería “sentir” la Patagonia desde el primer momento, sin que me importaran los casi 1.500 kms de carretera que tenía que recorrer.

Dado que llegaba a la península por tierra y, a pesar de su escasa infrasestructura hotelera,  opté por pasar dos noches directamente en Puerto Pirámides.

La mayoría de visitantes de la región, fijan “su base” en Puerto Madryn, ya que es en esta ciudad donde se ubican el aeropuerto y la mayoría de hoteles de la zona. No obstante, pernoctar directamente en Puerto Pirámides me aportó una serie de experiencias que nunca podré olvidar.

En primer lugar, la proximidad con el mar. Puerto Pirámides es una aldea ubicada directamente en la playa, lo que hace que el océano se sienta realmente próximo.

La tranquilidad y el silencio. Al caer la tarde, cuando los visitantes abandonan la península, Puerto Pirámides se transforma. Pasear de noche, por sus escasas 4 calles es un auténtico placer para los sentidos.

El avistaje de ballenas pude realizarlo a primera hora de la mañana y prácticamente en solitario. A las 9:00 AM,  en el gomón (nombre local que se da a la balsa neumàtica) de una de las empresas que proporcionan servicio de avistaje íbamos tan sólo 6 personas.

 

El avistaje de ballenas en sí, daría para escribir otro artículo por lo espectacular que resulta, pero si que considero necesario comentar que este tipo de embarcación te permite una proximidad que no es posible con otro tipo de embarcaciones.

En el momento en que finalizábamos la excursión, empezaban a llegar los primeros barcos procedentes de Puerto Madryn, abarrotados hasta la bandera.

Permanecer en Puerto Pirámides sin tener que verme obligado a volver el mismo día, me permitió además, poder mantener una conversación muy interesante de un par de horas con el guarda-parque del lugar, mientras observábamos a las ballenas nadar en aguas del Golfo Nuevo; visitar con tranquilidad el resto de reservas de la península,… En definitiva, poder disfrutar al máximo de unos de los lugares más particulares del planeta.

Enviado por David Codina

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